Sergio Armendáriz
Existe un hecho innegable producto de lo sucedido en las pasadas elecciones del 1 de Julio. Me refiero a la emergencia de un nuevo espíritu generacional en la juventud activa en todo México. Es también harto evidente, que la nueva inteligencia que procede de esta Generación proactiva de jóvenes mexicanos, tiene y tendrá como medio de comunicación y expresión fundamentalmente al tejido ciberespacial de las redes sociales. No importa que en esta ocasión quizá no haya tenido aun un peso específico determinante en los resultados esperados e incluso inducidos, sabemos que todo se preparo con esmero para que el ganador largamente anunciado fuera el efectivamente reconocido, sin embargo, en los circuitos de comunicación existentes, ya se gesta de manera veloz e implacable una renovada inteligencia nacional que asume el rostro bienvenido de una Generación histórica emergente que no se conforma mas con una participación testimonial o de lacayunismo humillante.
Por donde se observe, cualesquiera que sea la mirada interpretativa que se use al respecto, es bienvenida la aparición de un perfil participativo conciente y lúcido por el lado de los jóvenes que se han hecho poderosamente visibles en este proceso electoral. Es claro que el cambio cultural siempre es gradual, nunca tiene los ritmos rápidos de una coyuntura electoral que como veleta masiva se mueve al compás arbitrario de los vientos del poder fáctico que manipula, compra y vende. Es también a todas luces palpable, el fracaso cultural de los partidos políticos en México; corporativismo mafioso, truculencias en la inducción y compra de votos, malas artes en la constitución de sus propias burocracias así como en las candidaturas a puestos de elección popular, disposición abyecta a justificar el cinismo en la disputa por el poder político, en el paraguas conceptual de un reducido sentido del término “pragmático”, y la cereza del turbio pastel: la mediocridad producto de una ignorancia generadora del referido fracaso cultural.
La Generación joven del 2012 mexicano, dispone de una gran cantidad de elementos formativos para contrastarse con las clientelas típicas de los acarreos electoreros. Es reflejo de un estilo académico y universitario, no le importa meterse a la yunta de la meritocracia servil con los jefes o amos de la partidocracia imperante, se observa en ella como grupo histórico, una predisposición saludable a no ser la sombra de los”adultos encargados de la responsabilidad grave de hacer política”. Hasta el momento y de manera esperanzadora, no reivindican por supuesto las bondades de algún partido político existente, ni siquiera se escucha aún el canto de las sirenas para constituir uno nuevo. En ese sentido, hay una enorme tarea por hacer desde los espacios de la sociedad civil, el tramposo régimen político hechiza a la juventud con el cebo del crecimiento económico personal vertiginoso, demandando a cambio la enajenación de la libertad, la privación del proyecto de mentalidad liberal, que, precisamente, la “Generación del 2012 “empieza a esgrimir como divisa de identidad histórica y política sin partidos de por medio.
La democracia mexicana empezará a intensificar su sustancia en el uso exponencial de las redes sociales. En este medio y sus posibilidades de función comunicativa, no habrá censura grosera ni sutil que haga sobrevivir los vetustos esquemas del autoritarismo ramplón, los jóvenes activados son duchos en el manejo de la información posmoderna, en propiamente su “semiósfera”, son habitantes lúdicos de un medio expresivo que es el escenario indicado para el desarrollo de lo que bien podría llamarse con precisión conceptual, un renovado “liberalismo social”, auspiciado por la mentalidad individual que caracteriza al pensamiento libre y no atado a ningún tipo de corporativismo mecánico. En lo personal, me entusiasma este fenómeno de emergencia de nueva sangre generacional en nuestra historia, caracterizada por una actitud que repudia cualquier tipo de fanatismo servil; tengo el gozoso privilegio de convivirlo con mis hijos, activos individuos en su búsqueda de sentido vital, tengo la plena certeza de que mi ocaso lúcido, en su momento, representará el reconocimiento a su constitución como personas libres.












