A golpes de tecla
Por Jorge Macías Rodríguez
- Alcaldes y diputados cuatreros
Cuando nos anuncian que existe la posibilidad de que el período de gobierno de alcaldes y diputados locales se amplié de tres a cuatro años, nos dan hartas ñañaras, porque si salen malos los funcionarios, mil 460 días son un ¡xxxxiiiinnnngggoo!
Ustedes me lo perdonen, pero cuando entra uno a ver la iniciativa que discuten los diputados locales de ampliar dichos períodos, pues los argumentos a favor se me hacen pocos y los en contra se me hacen muchos.
Uno de los puntos en contra en caso de que los diputados duren más años es que tienen mala fama pública.
Ya ven que dicen que el cargo de diputado dura tres años y la vergüenza toda la vida…
Esto es, todos decimos que los diputados no hacen nada, y ahora buscan más tiempo para levantar la mano y cobrar mucho más.
Pero una de las cosas buenas es que también dicen que van a disminuir el número de diputados plurinominales, esto es, de los que llegan sin hacer campaña y nomas porque su partido logró un determinado número de votos. Esto si está bien.
Otro de los aspectos positivos es que dicen que con cuatro años, los diputados que sí trabajan, pueden hacer mucho por la patria. Ajá…
Luego pues también dicen que tendrán tiempo para aprender y tener un año extra de trabajo arduo y constructivo. Ajá…
En fin, vale la pena hacer el experimento…
También sería bueno que aprobaran la relección inmediata para diputados, pues también hay que dar chance a que exista la carrera legislativa para los buenos funcionarios públicos.
En el caso de los alcaldes, pues tres años a los ciudadanos se nos hacen muchos y a los presidentes municipales pocos.
El asunto es que la diferencia entre alcaldes y diputados, cuando se trata de tomar decisiones, los diputados tienen la chanza de pensarla porque hay un período de tiempo entre que se presenta una iniciativa, se estudia, se socializa, se lleva a comisiones, se discute en el pleno y se vota entre los 33 legisladores.
En el caso de los alcaldes cuando hay que tomar una decisión, pues, es sólo la determinación de un hombre. Y si la cajetea, pues él es el único responsable y no hay marcha atrás.
El problema no es que se equivoque una vez, sino que la cajetié constantemente. En ese caso, cuatro años de mandato público, repito, son un xxxxxxiiiiiinnnnnnggo.
Pero al contrario, si es un alcalde inteligente, trabajador, buen administrador, visionario, honesto, sensible, cercano a la gente, así como el que tenemos en mi pueblito, pues cuatro años se nos van hacer pocos.
Por cierto, mi pueblito es Nueva York.
En fin, que no es un tema fácil el que traen entre manos nuestros actuales diputados locales.
Yo diría que en caso de que determinen incrementar de tres a cuatro años el período de alcaldes y diputados, también deben dar armas defensivas a los ciudadanos en caso de que los funcionarios no den el ancho.
Y me refiero a la posibilidad de que en caso de una determinación importante donde se ponga en juego la forma de vida de la comunidad, pues los ciudadanos puedan participar con su opinión a través de plebiscitos, referéndums, consultas populares, etc.
Lo mismo si dichos funcionarios de plano salen chafas, podamos tener la posibilidad fácil de utilizar la revocación de mandato.
Esto es, que en un nuevo proceso electoral rápido, podamos quitarle el poder a quien nomas la está cajeteando.
En el caso de los alcaldes no me gustaría que hubiera relección inmediata, porque el exceso de poder corrompe.
En este caso no hay que citar ejemplos, porque todos conocemos muchos.
En fin, que ojalá nuestro brillantes legisladores no se vallan a llenar de ego y determinen cosas que a la postre nos hagan pensar que teníamos razón al pensar que no sirven para nada.
Este fin de semana sabremos si tenemos diputados y alcaldes cuatreros, esto es, que duren cuatro años.
Sin más, y esperando sea todo en bien de la patria, solicitaré mi taza de café como siempre, negro como siempre, con dos de azúcar como siempre, tibio como siempre, para no tener que soplarle como siempre.












